"... el perro fue en su tiempo de ladridos,
mi amigo mas amigo.
ay! en esta triste tristeza en la que me hundo,
la muerte de mi perro sin palabras,
me duele más que la del perro que habla..."
llorando por la muerte de un perro. abigail bohorquez.
mi amigo mas amigo.
ay! en esta triste tristeza en la que me hundo,
la muerte de mi perro sin palabras,
me duele más que la del perro que habla..."
llorando por la muerte de un perro. abigail bohorquez.
no recuerdo la fecha, ni el día, sólo recuerdo que llegó en una caja de galletas y que era tan pequeño que cabía junto con su hermana en la caja. llegó cuando yo tenía 15 años y en su simplicidad se convirtió en -como dice el poema- mi amigo mas amigo.
era el único que estaba despierto mientras yo me la pasaba en el restirador trabajando... y le tocaron dos que tres pisotones por no fijarme al salir de la habitación.
era quien lograba despertarme a las 4 de la mañana para que lo sacara al pasillo a dormir y quien con un ladrido agudo avisaba que el otro perro ya había echo una travesura.
también fue quien me mordió y me abrió la mano por un descuido, pero todo asustado subió tras de mi para ver qué estaba pasando.
era quien comía de todo lo que yo comiera, chocolate, fruta, coca cola. era el único que aguantaba mis enojos. el que me extrañaba más de la cuenta cuando me ausentaba. y quien acompañó a mi madre en su mutua soledad después de que yo me fui.
un sábado llegué a casa de la mama y entre otras cosas me dijo que jacko ya no había podido levantarse. yo ya había platicado con mis padres sobre que mi perro ya estaba muy viejo, que 15 años pesan y que lo de sus huesos ya se lo estaba llevando. ese día decidí llevarlo al veterinario a que lo inyectara, preferí hacer eso que seguir viendo como sufría pues ya tenía la cadera calcificada y ya no podía doblar las patas traseras.
y lo llevé cargando a la veterinaria de junto, la mama tras de mi con el corazón apachurrado, sabiendo que a partir de ese día no lo volveríamos a ver. y lo acosté en la mesa y me acerqué a su oreja y le expliqué lo que le iban a hacer -porque igual entendía todo, o así me lo pareció siempre- y le dije que lo amaba, le agradecí todos los años que estuvo con nosotros y todo lo que nos había dado.
la mama y yo estabamos echas un mar de lágrimas, porque después de 15 años un perro ya no es un perro, después de 15 años se convierte en un integrante más de tu familia y comparte tristezas y alegrías, y está en las buenas y en las malas. no importaba si llegábamos enojados mi jacko meneaba la cola con emoción por vernos. y a mi padre lo sacaba del sillón para que le diera pan.
mi perro se durmió sabiendo que no iba a despertar y yo me quedé abrazándolo todo el tiempo hasta que su corazón dejó de latir...
y aún ahora, después de un año, al escribir esto sigo llorando porque lo extraño y me pongo a recordar cómo fue que llegó en una caja de galletas...
maktub.
3 comments:
Amiga, te diré que no me gustan los perros, te diré que me dan asco, pero te diré que un perro ya no es un perro después de verlo con tus ojos. Mi cariño y mi abrazo fraternal por la perdida, los seres que amamos siempre vuelven en su día.
Arqui, volvi a despegar, stoy aqui de nuevo, nuevo link
www.mividaefimera.blogspot.com
Espero que te pases
Besos
Que triste y que tierno, con lo que me gustan los perros me arrugan el corazoncito estos relatos. De cualquier manera quedan los buenos recuerdos...
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